24/05/09

No era una oportunidad...

Pensaba que si me tocaba iba a desvanecer con el calor de su roce, como si en sus manos estuviera el poder de derretirme y al menor contacto con mi tambaleante existencia, me iba a descalabrar como un iceberg en el desierto, aunque la noche era bastante fría como para permitirlo... tan diferente a otras tantas donde mi piel nunca llegó a sospechar que mi amor no fue suficiente para que la vida se empeñara en alejarnos.

Las palabras flotaban en el aire, el espesor de los sentimientos no dejaba que traspasaran el pecho, después de más de seis años de ausencia en nuestras vidas, tirados en ese sofá, cada uno contaba lo que había sido de su vida, siempre con el cuidado de hablar sólo con el cerebro y no con el corazón. Recordé que en un segundo mi suelo fue un abismo, alguna vez. Después de tantas lunas enumerando cicatrices, finalmente estaba ahí, creyendo en oportunidades.

No hizo falta que su calor me tocara para que mi mundo se convirtiera en manantial, la magia de sus palabras abrió mil compuertas y sobre su pecho me eché llorar cuando por primera vez me pidió que me quedara a su lado. En sus años de ausencia y de presencia en mi vida, siempre anhelé una noche como esa, con algo de aliento le pude confesar mi ilusión de envejecer a su lado.

Las cicatrices volvieron a ser heridas y sobre su pecho volví a llorar cuando entendí que la vida se me fue detrás de un sueño que parecía cumplirse. Los farolitos nocturnos en complicidad con la luna, uno a uno se fueron a dormir, ya no era fría la noche, una vez más, lo volví a amar como en el pasado y como en el futuro que nunca descarté, pero esta vez con la certeza de que esa noche, no era una oportunidad lo que nos regalaba la vida, era nuestra despedida.

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19/05/09

Ying & Yang



En la cotidianidad es que se desgatan las relaciones. No es cuestión de culpar y mucho menos ganas de discutir, pero si ya es sabido que nosotras somos más hormonales o viscerales ¿Por qué ellos no se esfuerzan por conciliar una conversación coherente cuando les manifestamos alguna inconformidad? Las mujeres solemos resignarnos repitiéndonos entre amigas, hijas, madres, hermanas, generación tras generación que “ellos son así ¿Que más le puedes pedir? es hombre”. Al menor intento de cambiar el fatídico destino por el que aparentemente estamos signadas, decidimos torcer nuestra suerte para desatragantar el tapón de sentimientos que nos aprieta el pescuezo y finalmente confesamos vencidas pero convencidas de que la sinceridad de nuestras palabras se colaran por esa ranurita que da paso al lado sensible del razonamiento masculino.

Admitimos que lo que nos agobia es un terrible presentimientos de que no estamos siendo comprendidas y menos querida. Con la ilusión de haber tocado sus fibras, nos mentalizamos para posibles reacciones pero jamás para sentencias como “No quiero discutir por tonterías” y menos esperamos tener que contemplar esa cara de tener todo bajo control cuando rematan con un “¿No entiendo cual es el problema? Si tu sabes que te quiero” y ahí nos dejan desangrando los sentimientos, victoriosos de haber triunfado - una vez más - ante la estupidez femenina ¿Que tanto cuesta admitir que ante ciertas exigencias de nosotras, se les ha acabado el repertorio? ¿Por qué no orientar la relación cuando se está a tiempo?

No sé si son causa de admiración o de compasión las mujeres que se desgastan “luchando” por salvar una relación, en mi caso, me gana más la necesidad de paz interior que la aprobación de alguien que vive aislado en su propio mundo. Lo que es una inmensidad para el otro, no necesariamente tiene que serlo para uno, sin embrago, lo justo sería escuchar los motivos por el cual el otro no puede ver su inmensidad como una tontería.
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13/05/09

Tempestad.


Que falta de sensaciones tengo. Me siento encerrada en una caja de metal donde el eco es un collage de imágenes que rebotan de un lado a otro sin dejarme adivinar de qué se tratan, como queriendo advertir, atemorizar quizás. Removiendo la hojarasca que queda después de la tormenta. Estoy somatizando lo que no he querido exteriorizar, me siento como una pluma en medio de una inmensa tempestad y sin proponérmelo he adoptado la actitud de materia inerte mientras fluye el manantial. No quiero pensar, no quiero decir, no quiero actuar, no quiero entorpecer con suposiciones, simplemente no quiero.

Al compás de mis segundos, le descuento al deseo de retomar el ciclo natural, los días.

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